Este programa, ejecutado en convenio entre Méderi y Fundalectura, abarca la adquisición, organización, conservación y suministro de materiales y servicios bibliotecarios que pueden, conforme a las necesidades de cada paciente, contribuir a la atención integral para su recuperación, dar seguridad y alivio a su pérdida de autonomía, contribuir al mejoramiento de su rendimiento cognitivo y funcional, evitar la desconexión del entorno y fortalecer las relaciones sociales.

La función principal de “Leer para sanar” radica en la posibilidad de facilitar libros de distintas temáticas a pacientes y visitantes para que su estadía en nuestros hospitales sea más confortable, amena y provechosa.

Inicialmente “Leer para sanar” va dirigido a los pacientes que se encuentran en los pisos de hospitalización de los hospitales Méderi. En cada sede se ha estructurado un espacio para el almacenamiento del material y se capacitó a tres promotores (dos para el Hospital Universitario Mayor y uno para el Hospital Universitario de Barrios Unidos) quienes se desplazarán por los pisos ofreciendo a pacientes y familiares la posibilidad de un acompañamiento a través de un libro.

04 abril 2016

MARÍA, ESCUCHA EL CANTO DE LA LLUVIA




MARÍA, ESCUCHA EL CANTO DE LA LLUVIA



Por: Yomar  Rodriguez

Promotora de lectura Programa Leer para Sanar



Se habla en los pasillos del hospital algunas veces casi cuchicheado otras con la voz un poco más audible, nunca ha sido mi interés enterarme de ninguna situación, pero las personas suelen encontrarnos con sus deseos de ser escuchados, quieren hacer visible ese dolor y esa angustia que genera ver la enfermedad como un cosmos de sin respuestas, sin duda la incertidumbre es cruel, aún más que el dolor y el quebranto de la enfermedad.
Hoy recuerdo el día que conocí a una preciosa dama, una mujer con la que me sorprendí entre llantos por encontrar pequeñas complicidades poéticas y una enorme sensibilidad.
A María le llevé por primera vez la oda a la bella desnuda de Neruda, ella me había visto a lo lejos con el carrito porta libros, y sin poder movilizarse en medio de pispiadas y pequeños gritos captó mi atención, me acerqué a su habitación y descubrí una mujer mayor con unas manos largas y delicadas, que me habló como si me conociera. Saludo de beso y me solicito que por favor leyera un poema de amor del que dijo descreía, pero que sin duda le permitía sonreír, yo que también descreo del amor convencional, le dije que podíamos leer un poema de Mario Benedetti, que era lo más “meloso” que llevaba, ella asintió, y leímos no uno, sino varios. Después de esto nos despedimos. Me dijo que le dejara un libro, que las horas eran largas y que nadie vendría a verla, así que le deje a Pablo Neruda. Fue muy bello verla tocar el libro, como si fuera un animalito al que se le acaricia el lomo hasta serenarlo y traerlo hacia nuestro ser, la observé con parsimonia en sus acciones, mientras tomaba sus datos, al retirarme, algo me decía que ella no podría leerlo, se le notaban los ojos cansados  y una marcada y pronunciada sombra morada de las gafas sobre el tabique, sin embargo me retire a seguir el oficio del día.
Al pasar unas horas quise volver a visitarle, aproveche un momento y la vi ahí recostada con el libro en  las manos aun cerrado. Salude otra vez pero en esta ocasión  no fue tan expresiva, pensé que estaba triste y solo atiné a decirle que pasaba a ver si se le ofrecía otro libro, me miró por un rato y soltó en llanto, quedé perpleja, decidí darle un abrazo y ella se dejó caer sobre mi hombro, luego con algo de pena se limpió las lágrimas y me hablo, dijo que lloraba “porque ella era muy bruta” así tal cual fue la frase. le dije que eso era algo absurdo que todos lloramos, y que es normal hacerlo, retomó la frase añadiendo “que ella era  de verdad muy bruta porque no sabía leer y ya estaba muy vieja para aprender y más ahora que no tenía ojos para eso”
 Se lamentó y nuevamente sus lágrimas aparecieron. Quise dejar que se desahogara, sentí que no solo era el hecho de no saber leer, sino que también había ahí muchos sentimientos pasados y presentes que le motivaban a ello; sin embargo no pregunte nada, le dije que ella sabía leer, porque no todo en la vida era letras y números, que también había la capacidad de entender los rostros y la forma de las nubes, de escuchar los gestos y silencios, que bruto era aquel que usaba la violencia y la grosería,  que ella no tenía nada de eso, sonrió con bondad, me dijo que tenía razón, pero igualmente le dolía no saber hacerlo, me contó que se había casado a las 14 años y que toda su vida la había pasado encerrada cuidando de su marido y a su único hijo, el cual había muerto ya hacía algunos años atrás, que nunca quiso aprender a leer, porque se sentía cada vez más vieja para hacerlo, que se empezó a alejar del mundo y  cuando su esposo murió ahora sí que menos quería aprender, se sentía como desvalida por no saber nada, dijo que nunca le falto nada, ni comida ni vestido, pero que le faltaba ese conocimiento y que se sentía tan inútil, me dijo que había vivido como una “mata de decoración” en la casa, y ahora ya no era nada ni siquiera eso, Le escuché con atención, ella prosiguió diciendo que le gustaba la poesía, porque su esposo compraba música y ella escucha las letras de la canciones y que ya más adelante se dio por enterada que vendían poesía para escuchar, así que todo cuanto sabia de poesía era escuchado, nunca leído. Me pareció muy admirable en medio de todo imaginar su vida entre símbolos ilegibles a su entender pero con un oído tan sensible y enamorado de las palabras. No pudimos continuar aquel día con más lecturas ni confesiones, pues llego el médico a realizar su chequeo diario, así pues volví a mis labores. En esa semana, leímos y cantamos boleros siendo ninguna de los dos muy diestra en el arte de la interpretación nunca se quejaron  los vecinos.
Son tan especiales los pacientes, seres humanos que tienen las puertas de su alma sin llaves o cerrojos, algunos  con una translucidez que no dejas de mirar para cada  dentro encontrando y maravillándote con cada pedacito que te cuentan de sus vidas; no es fácil entender la vida de los otros, quizás nunca entendemos ni siquiera un poco de la nuestra. Con María caminé por las líneas de un sendero que tenía matices de llanto, de sonrisas, de piedras que no dejaban cruzar y de puentes que se alzaban  dándonos a entender que somos orillas que se juntan. Ella extendía sus manos a los libros como pocos lectores, pasaba las páginas dejando su sonido entre las hojas, sentía la textura del papel, como si fuera una sibarita de tramas y líneas… ella se emocionaba imaginando ser la que le leía, yo me emocionaba imaginado ser tan buen escucha como ella. Trajé poemas de mi casa para compartir, desmenuzamos parte de nuestras de vidas, ella se reí a de mi manera de ser, yo me sentía comprendida por un ser que nunca me había visto, pero que lograba hacerme sentir cómoda y cómplice.
Fueron tan solo diez días en los que se sacudieron la rutina y se masticaron las horas dejando un poco de alegría.
Cuando empecé a escribir las primeras líneas de este informe les hablé acerca de lo que se escucha en los pasillos, del silencio de la barahúnda, retorno a esas líneas, porque un días después de dejar a María un fin de semana en una cama blanca y un espacio que para ella se convirtió en una fuga a su continua necesidad de escuchar y de ser atendida… llegando a su habitación escuche los rumores tristes y dolosos de su muerte mis pasos hacia la habitación se volvieron pesados quería girar y hacerme la que no había escuchado nada, ignorar quizás una realidad que es cotidiana para mí, pero que con María hubiera querido a lo menos verla una última vez y leerle el nocturno de silva;
Ese bello retazo de la noche y la sombra larga que tanto nos gustaba y a las dos.
Su vecina de cama, me saludo como se saluda a alguien en duelo, me tomo las manos y confío que María había muerto el domingo en horas de tarde, que al parecer murió durmiendo, porque nunca hubo un grito o alguna señal de padecimiento en la agonía, que había muerto sola, y que solo hasta al final una mujer también mayor estuvo en el momento del deceso.
En los pasillos muchos me miraron como asintiendo en medio de sus rutinas el derecho a estar triste, a perder un pedazo de lo que somos con cada amigo que se va. No lloré ahí, aunque mis ojos estaban empapados de  lágrimas, aguante hasta llegar a la bodega de los libros, caminé en silencio recordando el rostro de una mujer que en sus últimos días me compartió el amor tan grande por algo que hacemos todos los días pero que quizás por eso obviamos.
Entre susurros se escucha el pasar de las páginas en el hospital,  el tiempo y la vida que con la muerte nos alimenta la memoria como un animalito obstinado  nos hace sonreír, llorar y dejar ir.






                                                                            Tomada de Ekaré Europa.




Oda a la bella desnuda

Ilustraciones de 

Las Pequeñas Cosas

Las pequeñas cosas


Por: Yomar  Rodriguez

Promotora de lectura Programa Leer para Sanar




“soy lo suficientemente frágil como para que una palabra me lastime, y también soy lo bastante fuerte como para que una palabra me resucite”
Bartolomeu Campos de Queiròs



El mes de febrero termina con un día más de lo acostumbrado, se habla de los años bisiestos que traen cambios, que acarrean acontecimientos importantes, tanto buenos como malos y dan inicio o cierre a distintas facetas tanto humanas como espaciales.
Creo que terminó un mes lleno de situaciones nuevas, aprendizajes y distintos saberes que me permiten entender mejor quien soy y cuál es ese norte donde se derivan mis sueños.
En el Hospital Méderi la vivencia diaria es igualmente emotiva y de apariencia rutinaria; labores cotidianas ejercidas por cada uno de los profesionales médicos, administrativos y operativos;  cada uno hilando uno a uno un pedacito de mejoría para cada paciente.

Considero que cada día ofrece la posibilidad de hacer mejor las cosas, de entendernos y de procurar comprender a otros en sus situaciones difíciles.

 A Leer para Sanar le corresponde hilar páginas, a cada una de las habitaciones que llegamos somos recibidos con expresiones de alegría y respeto, palabras que tienen sonidos amenos, instantes que hacen que el silencio por momentos se fragmente en  visos de risas y palabras mágicas atendidas  con la mirada, y el oído. Alguna vez escuché una canción que hablaba sobre las pequeñas cosas, versos que cavilaban la forma sencilla de lo importante, de lo esencial. Tarareo en mi mente al compás de las imágenes diarias como un video musical donde se resguardan las rostros del tiempo, donde  acomodamos en lo profundo un poco  de la sensatez por vivir con la humildad de lo pequeño y maravilloso. Hoy, mientras recorría el piso seis, una mujer frente a la ventana me regaló un trozo de un cuadro de esos paisajes ajenos y contiguos al hospital. Lo describiré con sus palabras: “ un gato, como una sombra estaba ahí, tras esa reja, se ocultaba y observaba algo, yo me di cuenta que quería comerse un pajarito que picoteaba el pasto, el gato se lanzó, pero el pajarito se le voló y se quedó en la punta de aquel árbol” Yo observé con cuidado y vi volar un pajarillo  ignoro si era el mismo, sonreí junto a ella, que luego me habló sobre cómo cada día se levantaba de su cama y salía para observar las pequeñas cosas que ocurren fuera del hospital, mientras me señalaba con su mano las palomas, comprendía cuanta emoción le causaba el acto de contemplar y descubrir esos cuadros, lienzos propios de un alma que se conmueve con lo sencillo y descubre mensajes de apoyo y esperanza. Hablamos un rato y sonreímos agradecidas por estar ahí tranquilas, luego leímos juntas las imágenes, esta vez de uno de los libros del carrito-biblioteca como lo bautizó. Fue un momento corto, donde yacimos cómplices de un perro llamado Oscar y de una gata de medianoche que terminaban compartiendo el amor de su ama y por su ama el cuento terminaba feliz… Debo decir que su lectura de las cosas, se detenía en los rasgos de cada trazo y sus comentarios dulces me hicieron sentirla como una niña inmersa en otro cuerpo, de entrañable delicadeza y alegría, sus ojos que miraban más dentro de la tinta me regalaron lo más importante del día. Hoy quiero recordarla, línea a línea para maravillarme de cada momento que vivo en el hospital, cada persona que está ahí le da a la vida su vida entera, sus cicatrices son costura de la valentía y las ganas de sanar, ese  precioso sentir de las simples cosas donde uno ama la vida hace que todos los días se tornen con la fortaleza de quien respeta el aire..

Leonilde la soñadora me sigue regalando su apacible mirada que por ratos se pierde entre lágrimas de extrañamiento por regresar a casa junto con su esposo y sus hijos “llevo 63 años con él, y aun quiero seguir de su mano hasta un poco más y cuidarlo” Con una sonrisa quiero escribir Gracias y pedir tan siquiera que su deseo se haga realidad, mujeres como ella me inspiran a pensar que el 29 de febrero si esta para soñar no por ser año bisiesto, sino porque cada día es único y vale la pena leer, no solo palabras sino también momentos, mujeres así inspiran a escribir y a tener una fe de pájaro que vuela alto por volver a vivir y nacer.




                                                                tomada de Casa de libros








Oscar y la gata de medianoche


(John Brown, Rose and the Midnight Cat, 1977)

Ron Brooks
Texto de Jenny Wagner. Salamanca: Lóguez, 1997; 36 pp.; trad. de Ángel J. Martín



29 septiembre 2015

El Silencio necesita ojos


El silencio necesita ojos


Por: Yomar  Rodriguez

Promotora de lectura Programa Leer para Sanar



Como narrar la experiencia de contar historias, como ser una historia dentro de otra, ser leído y ser lector, Como vaticinar el futuro de las palabras del ruido y del silencio, aquellas que creemos nos prolongan en la memoria del otro, de ese otro al cual le hablamos, o le leemos. Me ubico frente  a una gran reja negra, una muralla de dientes de metal que me recibe cuando bajo de mi terrible transporte, tras  ella una construcción portentosa  de ladrillo con un nombre enclavado en su muro más alto: Mèderi. Se cuela el viento de algunos árboles y arbustos  que siguen floreciendo  como alegoría de  cambios y aliento y también de resistencia.  Cuando ingresamos  a un hospital nos recibe en  gran medida un miedo, un miedo que se te queda de manera tibia entre el tobillo y sube o baja al pecho  dependiendo en qué lugar estés, si eres el paciente o el acompañante, el médico o la enfermera o tal vez solo depende en qué lugar tengas el corazón, ese tan famoso músculo creo yo, lo tengo regado por pedazos en cada esquina de mi cuerpo, y una gran parte en la cabeza; por eso quizás el miedo me pellizque con sus manos temblorosas y de huesos de incertidumbre, con sus aromas y sus formas múltiples y sus fisonomías que siempre se cubren para no espantar de prisa. Caminando por el hospital Méderi se avanza por pasillos y se detienen las miradas, se da un paso y se rompe la intimidad  fragmentada ya por médicos y enfermeras, esa intimidad tan celosamente guarecida pero que aquí nos demuestra con desnudez su impávida fragilidad; no podría dimensionarse que significa dar un paso tras el umbral, resolver con una sonrisa que se da con los ojos una expectativa o una realidad, (somos seres tan vivos y a la vez tan muertos, pienso) del otro lado solo encuentro una inconmensurable escena de dignidad y de fe.  Muchas veces he tratado de encontrar dentro la palabra precisa para interpretar mis emociones, siempre he creído en las palabras, en su poder casi mágico, he condensado mi afán casi temerario por encontrar palabras para todo, pero nunca se encuentra la palabra precisa para las emociones más puras, para los sentimientos que tañen la adversidad y el dolor, para esos solo hay silencios y quizás colores, siempre encasillamos al negro con el luto, al azul con la melancolía, al blanco con la paz, y asi, siempre los tejemos como un vestido que llevamos  con la vida, sin embargo  nos alejamos de poder dimensionar cada momento. Creo en el silencio, me reconcilie con él, con sus cuatro estaciones y sus múltiples manos, con sus rigurosas formas de cobijarnos y con esa  delicada mirada que traspasa océanos y también palabras. También creo que el silencio necesita ojos para afinar su oído, para entender que bueno decir y que bueno escuchar.  Nadie agota el mundo con la mirada, nadie agota  la página de un libro y aunque se extienda por años tras las mismas líneas, nunca encontramos las verdades más hondas completas, la verdad se asemeja más al silencio pero no hay silencio que la resista sin por lo menos una palabra. Cada habitación en la cual me adentro  tiene  un mundo casi tan chico como el universo, y casi tan grande como una lágrima, leer es mi oficio, por el cual llegue aquí y  casi por completo ocupa mis 24 horas, me he ido haciendo a la historia de otros y ellos a la mía, leo cuentos pero también me permito hablar de mi a manera de cuentos de humor negro, aquí la risa es suavidad sin importar el color, recito poemas y aunque no me gusta Neruda con su poema 20 lo escucho entre las cuatro paredes de manera paciente, esta vez estoy del otro lado, cada habitación me permite detener el tiempo entre la boca, es extraño pero pareciera que entre el tiempo y la palabra hubiera un pacto misterioso, siempre nos reciben las palabras y el tiempo calla por un rato su paso replicador.

Hoy pienso en la veracidad de leer, en la complicidad de los momentos,  en las ficciones que nos creímos sobre la enfermedad, sobre el olvido, no sé  a cuántas personas conocí en este mes que paso,  mis ojos se llevaron hacia dentro  muchos rostros, algunos salados y otros dulces, conocí azules angustiados y sublimes, blancos musicales y poéticos, también  negros tan oscuros y luminosos  de una indescifrable esperanza  y de un amor humilde. Me lleve silencios  tan largos y tan compartidos, agradecí a la vida el estar entre gente que ama leer por que encuentra en cuatro palabras muchas y una sola Libertad. Alguna vez leyendo  a Susan Sontag visualice la enfermedad como una metáfora  capaz de reasignarle  nombres pueriles y a la vez perversos a lo humano, nombres y representaciones que pueden, sin embargo, influenciar nuestra relación cultural con la enfermedad y, de hecho, su presente y su futuro,    desvirtuar la dignidad como un síntoma más de nuestros terribles vicios espirituales . Como creernos sanos en una sociedad de olvidos, todos somos pacientes porque esperamos en vigilia o en sueños el fuego invisible que nos revela quienes somos, la enfermedad tiene silencios y ojos que leen, tiene tesoros envueltos  de enmudecimiento,  tiene miradas paralelas,  tiene  certezas  y muchas dudas, tiene ganas de leer y de que leen, de dormir al caer una última página y de soñar abriendo otra, de salir de colores limpios entre páginas blancas, la enfermedad ahora tiene libros, humanidad siempre la tuvo y que satisfacción poder ser parte de esto de la real forma de humanizar una palabra compleja con algo tan sencillo como una historia.

10 mayo 2015

De vuelta al mundo de la infancia


                              “A propósito de la lectura, Tomas aprende a leer Jo Ellen Bogartde”


Por: Yomar  RodriguezPromotora de lectura Programa Leer para Sanar


De vuelta al mundo de la infancia, donde nos sobrecogen los paisajes, los gestos y  esos bailes imaginarios de fotografías que como secuencias nos completan la otra parte del cuerpo y de ahí a la razón.
Hace algunos semanas tuve la fortuna de conocer a alguien que me pregunto por mi niñez ¿Fue feliz?  Esa pregunta me lleno de un extremo sobrecogimiento, mi respuesta fue un sencillo y sentido. Si, muy feliz. Un poco asombrada por la pregunta del paciente del 719 me sonroje, no era fácil conservar la conversación, sobre todo cuando no quieres hablar mucho de ti misma y amalgamas sólidamente las palabras; sin embargo me inquietó saber si él también lo había sido. Si su pregunta desencadenaría una larga plática o si tan solo respondería con un sencillo y contundente “Si”, como el mío, deje a un lado la pregunta y me acerque a Don Gilberto con los libros, le ofrecí muchas lecturas, a lo que él respondió con muchas miradas y demasiados silencios; pensé que quizás no sabría leer, pero un movimiento rápido hacia un libro de Mitos y Leyendas, y una breve ojeada, cambio mi respuesta.
 – Él  dijo, me quedo con este.
Fue el primer libro del paciente, el primero que me condujo a llevarle día tras día, durante dos meses un libro, poco a poco comprendí sus lecturas, cuando le llevaba libros lo primero era la imagen, luego las letras y por ultimo… bueno eso ya les contaré.
Ocurrieron muchos libros durante estos dos meses, su pregunta frente  a la niñez siempre me miraba del cielo de los juguetes a la cara, cuando me dirigía al piso 7 para acompañarle con lecturas, siempre su soledad se poblaba de sonrisas, solidario y buen compañero de habitación, me recomendaba a sus vecinos de cama.  – Ellos también quieren leer.
 Don Gilberto, mejoraba para mí, siempre, también para los otros promotores que lo visitaban, eso me alegraba, yo siempre le arrancaba minutos al reloj, para saludarle, también para saber de sus ya muchas lecturas. Una mañana lo encontré  sentado dibujando sobre una mesa apoyando cuidadosamente su brazo, mientras el otro alargaba colores sobre una servilleta.
 –Me pilló, dijo, cubriendo un poco su boceto.
– Sonreí, le traía un libro nuevo, con imágenes grandes, dije.
 Lo recogió, su gesto me demostraba que le atinaba al libro, que durante estos meses comprendía de cierta forma sus rutinas, creo que para él también era agradable que así fuera
–Yo dibujo, yo no leo, pero soy empírico en esto, nunca estudie. Me explicó.
Me enseño el dibujo, con timidez, mi sorpresa no fue grande, sospechaba de su sensibilidad, pero su estilo era nítido y honesto.
 –Me gusta, le dije, es claro que usted no es un novato don Gilberto que tiene mucho talento.
–Rió, tengo varios, son para mi esposa.
Luego una visita de los médicos, nos apartó de la charla, me fui dejándole el libro, que sería el último que lo acompañaría, Ese día le dieron salida, tras dos largos meses, el paciente de la 719 B, saldría a la ruidosa urbe y llegaría a casa, donde su esposa, a la que no tuve la fortuna de conocer compilaría quizás uno más de sus dibujos.
A la mañana siguiente, la vida en sus juegos curiosos, hizo que nos encontráramos por última vez, me obsequió en agradecimiento uno de sus dibujos  en el hospital, lo firmó y me dijo que el último  libro que le había llevado, había sido el mejor, que él era como el protagonista, solo que el sí sabía leer,  ¿entonces en que se parecen? Le pregunte.
 –Pues yo quiero que mi esposa aprenda a leer, pero sobre todo que me lea mientras pinto.

Esa fue una buena respuesta, no tuve la necesidad de preguntarle más, nos despedimos. Atesoro su dibujo ahora. Me agradan los colores, la bonita  respuesta,  me llevó  a  la infancia,  entendí  un poco su tranquilidad, su niñez adulta,  ese creer que resbala de las nubes del alma y cae en la mitad del pecho para refrescar, sobre todo cuando el dolor nos rima en la cabeza,  y llega el arte  con todas sus fuertes ternuras.

                                            Ilustración realizada por paciente y escucha del libro

Jo Ellen Bogart, Tomás aprende a leer,
 Laura Fernández y Rick Jacobson, ilus. México, SEP-Juventud, 2002.


14 abril 2015



El Andante o biblioteca sobre cuatro ruedas

Por: Yomar  Rodriguez

Promotora de lectura Programa Leer para Sanar






                                     Stop. ¿La vida se detuvo o fue el automóvil?
Carlos Drummond de Andrade

Según la  primera definición del diccionario de la real academia, la palabra carro proviene (Del lat. carrus, y este del galo carros): m. Carruaje de dos ruedas, con lanza o varas para enganchar el tiro, y cuya armazón consiste en un bastidor con listones o cuerdas para sostener la carga, y varales o tablas en los costados, y a veces en los frentes, para sujetarla. Esta explicación nos remonta a una imagen tan clara en nuestro imaginario, que quizás sobra corroborarla; sin embargo cuando nos hablan de un carro que avanza por los pasillos de un  hospital, imaginamos un armazón rodante que cumple una determinada función médica. Del que hablo hoy, es un  carro andariego y un espectador; circunda las alas norte y sur de Méderi el Hospital que acoge al Programa Leer Para Sanar, distintos pisos que se convierten en rutas amigas, donde con asombro se percibe un cambio y una bienvenida. Nuestro vehículo es una pequeña biblioteca sus lanzas principales son las hojas llenas de letras que conforman un deseo: ser leídas.  Cada día nuestro carro de palabras es arreglado y engallado con grandes títulos y autores que como Saramago, García Márquez, Silva, Cortázar  saludan entusiastas y decididos desde su salida del nicho biblioteca, pasando un breve  recorrido por el ascensor, hasta su llegada al piso de trabajo, nuestro carro es una herramienta valiosa, nuestra rostro y medio  de llegada. Lo manejamos con la licencia lectora y de servicio promotor nos permitimos abrirnos camino entre enfermedades y patologías avanzamos con la gasolina  diaria de creer, un valor agregados y sin sobrecostos monetarios, es liviana y gratis; avanzamos diariamente un kilometraje que se mide con Gratitudometro,  y nos sentimos llegar lejos donde quizás pocos ven la cima, allí llegamos con la voluntad  del viajero y el labrador  que busca tras su paso no solo observar árboles si no saborear sus frutos.

Es cierto que nuestro carro tiene una definición simple a ojo del que no lo conoce; pero solo verlo es leerlo, detallar con sorpresa el encuentro de la literatura sobre cuatro ruedas en un ambiente hospitalario y con el profundo eco de una página  que pasa en medio de la barahúnda y el silencio de muchos sentimientos que se acogen allí.


05 octubre 2014

Penélope

Por Andrés Monroy

"Y entonces se sientan
lado a lado
para que ella le narre
la odisea de la espera"
Ana Martins
Conocí a "Lucía" una mañana de septiembre en una cama inmaculadamente blanca. Empezamos a conversar, y su melodioso acento caleño me mostraron nuevas perspectivas de la vida y de la literatura.
"Lucía" siempre se mostraba con ánimo para compartir una charla, y siempre me pedía poesías de autores latinoamericanos. 

Por eso pensé que una forma de corresponder a sus relatos, era compartir las palabras de otras personas de nuestro continente. Una mañana, llegué con un Libro al viento bajo el brazo y le leí en voz alta a Lucía el poema "Penélope" de la escritora Ana Martins.

Las lágrimas de "Lucía" aderezaron la lectura que se redondeó con un delicado abrazo de agradecimiento.

Lucía fue dada de alta con un diagnostico por parte del equipo médico después de años sin saber que era lo que le pasaba a su cuerpo. Llevó en su maleta dos materiales impresos que le darán nuevos ánimos a su vida: un libro al viento y la historia clínica de su diagnostico y su tratamiento.

Tomado de laud.udistrital.edu.co

30 julio 2014

Caricias que se leen, amor que acompaña

Por: Yomar Liliana Rodriguez

Promotora de lectura Programa Leer para Sanar


Programa Madre Canguro, Hospital Universitario de Barrrios Unidos Méderi


La llegada de un bebé trae consigo el despertar de los mas sensibles deseos y de los mas esenciales temores. En un hospital esto es pan diario, madres, padres nerviosos, abuelas expectantes y familiares pegados al teléfono, ahora último al facebook y otras redes sociales, para publicar la primera foto del recién llegado al estadio de la vida.


Hay circunstancias en las que las historias de vida tejen encuentros con nuevos rostros y nos hacen compañeros de viaje, textualmente se va por un mismo camino y se lleva en brazos y pecho el más noble sueño, un hijo. 

El programa madre canguro lleva en nuestro país varios años y el hospital Méderi  en Barrios Unidos hereda la experiencia del programa Madre Canguro del Seguro Social, con más de 16 años de funcionamiento. Dando la posibilidad a las madres de bebés prematuros de continuar el proceso con sus pequeños hijos de manera natural desde el parto hasta el momento en el que considera ha concluido el proceso y se da inicio a una nueva etapa en la vida del recién nacido.  

Enfermeras, psicólogas, pediatras y trabajadoras sociales hacen parte de un grupo de personas que terminan siendo madrinas de estos nuevos seres, el apoyo que se le brinda a mamás y a todo el núcleo familiar es de amplio valor, mas aun cuando se integra a todo un compendio de actividades para unir el entorno familiar alrededor del pequeño, posibilitando nuevas nociones y aprendizajes  para los nuevos padres que aprenderán a interpretar desde el llanto de un bebé y los balbuceos,  inicio de diálogo y la buena relación entre las palabras y su significado.

Gran parte del mundo exterior se empieza a reconstruir en el acto de libertad del pensamiento, nuestros hijos llegan a contemplar su ser interior en el reflejo de un mundo nuevo. por eso cuando llegaron las palabras, aprendimos a nombrar el asombro y la sonrisa, un privilegio que día a día  en cada uno de los niños que empiezan a formar parte de nuestro planeta, por ello la fortuna grande de descubrir programas como madre canguro, donde cada uno cumple una noble labor, pero donde sin duda alguna el programa leer para sanar empieza a dar pasitos en voz alta a través de cuentos y textos que posibilitan enriquecer el  mobiliario del recién nacido no solo con cobijitas , semanarios y pañales, sino con un libro.

La cita la tenemos cada semana, con un nuevo rostro, con la emotiva presencia de padres dispuestos a sembrar en sus hijos no solo el hábito saludable de amar la vida y respetarla , sino de soñarla y de leerla y escribirla de nuevo.


22 julio 2014

El canto de las ballenas

Por: Yomar Liliana Rodriguez

Promotora de lectura Programa Leer para Sanar


“…Entonces, desde muy lejos en el susurro del viento, escuchó: ¡Lilly! ¡Lilly!Las ballenas la estaban llamando.”
Tomada de www.colegioaltamira.cl


El mar es como una vuelta al seno materno, un regreso a la tranquilidad, al eco mismo de ese infinito misterioso que nos permite ver el sol poco a poco recostarse sereno entre las ondas del agua.

Existe una comunión entre las palabras y el silencio,  una mezcla de influencias que decanta  en el encuentro. Hace apenas unos días alguien me  dijo una frase, que si bien no es nueva para mis oídos, me trajo una reflexión mas certera de lo que significa encontrar:“Cada cosa  nos revela un mensaje, no hay encuentros al azar”.  Esta frase  en apariencia tan sencilla  quedo galopando entre la realidad de mis días y la fantasía por el hallazgo, debo decir que no fue eco roto.  

Hubo una sonrisa por parte de la mujer que me dijo la frase, mis ojos, y  mi mano que recogía el libro que le había prestado, ese que poco antes ella entre lágrimas  me recibió asaltada por la hermosura de sus sublimes ilustraciones, casi sin negarse a la oportunidad de distraer el dolor que pateaba  su silla  sin dejarla por minutos cerrar los ojos y respirar, sin angustia.

Creo que a todos nos pasan pequeños asaltos de emoción diario, la rutina no puede cubrirlo todo, y menos en un lugar como este, donde las medicinas y la enfermedad sostienen un duelo, literalmente a muerte. Por eso cuando ocurren estos encuentros  entendemos lo valioso de lo fortuito, o  lo mágico de lo real, del encuentro, como me lo dijo esta mujer ya mayor, que acompaña a doña Teresita en la 308, esta mujer  que sin dejarse arrancar la esperanza de ver su madre salir de allí  sana, me permitió acercarme con un libro a su intimidad familiar, en el territorio de la memoria hay muchos deseos por dejarse encontrar pienso, hay ofrendas diarias a la sonrisa y al llanto, nunca la vida pasa en balde y por ello reafirmar que un libro no llega a la vida de uno porque si, me permitió reconfortarme en la idea de que el mejor oficio es dar, todos lo tenemos entre navegantes solitarios que somos y el mar de humanos que nos envuelve o nos arroja, tenemos el oficio de dar nuestros dones mas preciados, los mas elaborados, o eso que llamamos lo mejor de nosotros mismos .

La conversación con esta mujer me llevo  a releer el libro que hoy cito como titulo de este breve escrito: EL CANTO DE LAS BALLENAS, sin lugar a duda un bello libro álbum, no solo por sus imágenes, sino porque  en tan pocas palabras nos recoge, nos abraza y nos reanima en el deseo de creer.

Me asombro mucho como este libro la emociono  tanto que pese a los dictamen médicos mantuvo una serena visión de los sucesos,  como se acerco a mi y me pidió nuevamente el libro, y se lo mostró a su hermanos y demás familia, a modo de mensaje,  u  ofrenda literaria a la vida  misma.

Como en medio  de la tormenta que arrebata lo propio de las manos, se aferro a un mensaje que quizás yo, no entendí de manera tan honda, pero que para ella y los suyos permitió comprender con  unión y tranquilidad un acontecimiento tan perturbador como la muerte.

Conservo una breve nota suya la cual me entrego aquel día  antes de salir, y que decía así: “Cada visita suya estuvo llena de sorpresas, quiero decirle que el libro ha sido uno de los mejores, y que usted tiene una misión clara, entender y dar mensajes,  Muchas Gracias”  para serles honesta, esta es una de las mejores definiciones de la promoción de lectura, de las palabras que sanan.  Una frase más podría acotar a esta escrito, - un libro en un lugar no convencional de lectura, traza un viaje hacia la solidaridad de esta embarcación que se va agrietando,   embarcación que llamamos  cuerpo y que poco a poco acompañara la puesta del sol sobre la melodía de las ballenas.

EL CANTO DE LAS BALLENAS
DYAN SHELDON, Ediciones Ekaré 

11 julio 2014

Los días blancos


Por: Yomar Liliana Rodriguez

Promotora de lectura Programa Leer para Sanar

Es increíble la fuerza que el alma puede infundir al cuerpo.W Von Humboldt

Hay un libro diario. Hay alguna necesidad diaria por interpretar las letras que componen la palabra dolor, por hallar otro camino distinto al de la carrilera, al de la costumbre de llevar el tren hasta el final del camino.

9am  - se mueve el corazón con las ruedas,  esas que transportan el peso de 60 libros, mas de mil páginas y muchas experiencias. No es muy grande, pero su llegada hace que no solo la curiosidad se asome, también el silencio que a veces madruga entre las sabanas y que se aposenta en los rostros de los pacientes. Estamos ante el mutismo que da la enfermedad, el mutismo blanco de las paredes de un hospital, un lugar poco usual para muchos que piensan que leer es solo para bibliotecas o para otros momentos; pero una cosa se piensa, otra se siente, se observa.

 Este es un programa que lleva libros a los pacientes y a los acompañantes , no es quijotesco , ni un despilfarro, es un abierto deseo de brindar a otros la posibilidad de imaginar, de creer , de otorgar  la oportunidad que merecen los libros de llegar en el momento justo , la ocasión de pasar la página del momento y tocar palabras .

Leer para sanar es el nombre que lleva sobre sus ruedas el carrito, leer para sanar es la vivencia diaria de aquellos que no solo damos gracias porque llegue un libro a nuestras manos, sino el sentido claro y sublime de asentar el dolor y leerle un cuento para que se duerma y nos deje hacer; de pasar la página y hacer el cruce a la escritura de otra, de trazar el mejor comienzo, ese que nos la vida cuando nos sana en cuerpo y alma.

3pm – vuelven los libros, como niños después de un paseo, algunos mas cansados que otros pero satisfechos, porque entregaron algo mas que palabras.  

03 junio 2014

"Palabras al aire" - Comentarios de los pacientes y visitantes acerca del programa


“Leer para reír es bueno, pero leer para nutrir el pensamiento es más importante”

“Está muy bueno este programa. Mientras uno acompaña a los pacientes uno va leyendo”

“Me divertí mucho con el libro. Definitivamente esto de leer lo revitaliza a uno cuando se esta aquí (en el hospital)”

“Los felicito. En todo hospital hay que innovar”

“Leer para sanar y sanar para leer” 

“Esta actividad de la lectura es algo muy bueno y muy productivo, porque permite pensar en otras cosas”

“Llegaste en un buen momento querido”

“Menos mal llegó, porque estaba aburrida”

“¡Qué alegría me da verlo, esto es algo maravilloso”

“Tan chévere que le tengan servicio de lectura en el hospital”

“Por fin algo diferente, algo divertido para entretenerse”

“A mi me fascina leer”

“Una terapia muy buena”

“Muy bueno el libro, por que cumple con el objetivo de meterlo a uno en la lectura y hacer de ella un placer”

“Se acuerda que yo estuve hospitalizado hace como un mes y medio y tu me leíste”

“Muy bueno el programa y el libro (Lugares Fantásticos de Colombia). Efrén se leyó todo el libro, y eso que a él no le gusta leer” – comentario de la esposa del paciente

“Que bueno que llega, voy a dejar el libro que estoy leyendo, para leer uno de los libros que trae”

“Este es un privilegio que hay que aprovechar. Estoy asombrado por este servicio”

“El que se invento este programa es un genio, porque leer es mucho mejor que andar inventando chismes”

“Hola, lo estaba esperando”

“¡Qué bonito! Es el mejor invento del mundo"


“Esa es una terapia muy buena para los pacientes”


06 junio 2013

Música en el corazón


Promotor de lectura: Andrés Monroy

Don "Milciades" es un paciente de más de 70 años de edad que le encanta leer poesía. Siempre está atento a un nuevo descubrimiento lírico que conmueva su interior. Una mañana me preguntó si tenía en la colección un cancionero, a lo que pude responder afirmativamente. 

Se puso muy contento cuando le presté "Canciones de amor y dudas", libro que disfrutó varios días durante su hospitalización. Un día le pregunté a don "Milciades" porque le gustaba tanto el cancionero y me contó que el era músico, y que interpretaba el tiple, la bandola y la guitarra con un grupo de amigos en un trío al que llaman "As de notas", por eso es tan importante la poesía en su vida, ya que es la forma en la que ha podido construir cada una de las experiencias que guarda en su memoria. 

Por eso, cada vez que puede, Don "Milciades" sigue indagando y cultivando la lectura, pues siempre encuentra nuevos hallazgos que puede compartir con sus amigos, y así poder hacer música que logre emocionar a más personas. De esta experiencia con Don "Milciades" aprendí que la música se escucha , se anhela, se espera, se interpreta y se lee con el corazón.


Tomada de www.torange-es.com

19 marzo 2013

Sonrisas y poesías en el hospital



Promotor de lectura: Andrés Monroy

"Se puede hablar de lectura antes de la escritura porque en su capacidad de leer la voz y el rostro el bebé pone en movimiento una actividad interpretativa que permanecerá como centro de la creación del sentido para la psiquis humana. Esto permite decir que de cierta manera el acto de la lectura está en el origen de la actividad del pensamiento".Evelio Cabrejo ParraTomado de www.leerenfamilia.com

El programa de madre canguro es uno de los espacios que visitamos en el Hospital Universitario Mayor con Leer para sanar, con el cual buscamos que las visitas de control médico tengan un elemento de exploración enriquecedora para los bebés y sus padres gracias al contacto con diversos materiales de lectura.

Las escenas en el pasillo de espera son muy diversas. Encontramos a tías que leen con sus sobrinos. abuelas que le muestran imágenes a sus nietos y a padres que se divierten con sus pequeños hijos. Este último caso lo observé el jueves cuando los papás de "Paula" (una niña de 11 meses) escogieron el libro de poesía "Por el mar de las Antillas anda un barco de papel" del escritor cubano Nicolás Guillén. 

La lectura la comenzó el papá de "Paula" y poco a poco se fue involucrando la mamá al ver que la niña escuchaba con atención a su padre. El libro se presta para jugar, cantar e interactuar y eso hizo que la participación entre los padres fuera tan atractiva para "Paula", que seguía las rítmicas palabras que sonorizaban sus papás. 

Portada del libro Nicolás Guillén


Cuando terminaron el libro de Guillén, todos los miembros de la familia quedaron antojados de seguir leyendo más poesía, así que les presté el libro "Trabalenguas" de David Chericián, otro escritor cubano. 

El clima festivo subió en intensidad a medida que cada uno de los padres leía cada trabalenguas, y al equivocarse estallaba en carcajadas, que eran seguidas por las risas de "Paula" que se sumaba a la celebración. Esta actividad era tan emocionante, que otros padres o visitantes del hospital observaban con interés lo que estaba ocurriendo alrededor de "Paula", que era el centro de la lectura de sus padres.

Cuando llamaron a "Paula" al consultorio, la familia se despidió con una sonrisa de satisfacción en sus rostros, y esta vez fui yo el que les agradeció la oportunidad de ser el observador de la unidad emocional que se genera alrededor del amor y del lenguaje.
Portada del libro "Trabalenguas" de David Chericián tomada de