Este programa, ejecutado en convenio entre Méderi y Fundalectura, abarca la adquisición, organización, conservación y suministro de materiales y servicios bibliotecarios que pueden, conforme a las necesidades de cada paciente, contribuir a la atención integral para su recuperación, dar seguridad y alivio a su pérdida de autonomía, contribuir al mejoramiento de su rendimiento cognitivo y funcional, evitar la desconexión del entorno y fortalecer las relaciones sociales.

La función principal de “Leer para sanar” radica en la posibilidad de facilitar libros de distintas temáticas a pacientes y visitantes para que su estadía en nuestros hospitales sea más confortable, amena y provechosa.

Inicialmente “Leer para sanar” va dirigido a los pacientes que se encuentran en los pisos de hospitalización de los hospitales Méderi. En cada sede se ha estructurado un espacio para el almacenamiento del material y se capacitó a tres promotores (dos para el Hospital Universitario Mayor y uno para el Hospital Universitario de Barrios Unidos) quienes se desplazarán por los pisos ofreciendo a pacientes y familiares la posibilidad de un acompañamiento a través de un libro.

02 enero 2017

Remembranzas

Remembranzas


Por:  Yomar Rodríguez
Promotora lectura Leer para Sanar


Basta mirar: se cubre de verdad la mirada. Basta escuchar: retumba la sangre en las orejas. De cada aliento sale la ardiente bocanada de tantos corazones unidos por parejas.
Miguel Hernández


Encontrar personas que nos recuerdan, dentro y fuera del hospital, hacer que la resonancia de la labor quede fijada en el paso de los días, eso es un logro y un compromiso. Como promotora, lectora y mujer siempre es maravilloso aprender de los gestos, de una mano que se brinda para pasarte una página o para alcanzarte una silla, una sonrisa ofrecida que da la oportunidad de avanzar.

Este mes fue un mes de lecturas en voz alta y de largo aliento por momentos en las habitaciones, recorrer la imaginación lectora y poner el tono adecuado para palabra agudizar la emoción y los sentidos en cada historia nos permite como contadores de historias, cuentos poesías, no solo llevar las riendas de ese caballito que es la atención, sino también entender la dimensión de cada acto al pronunciarlo, hago aquí hincapié en una paciente que conocí y con la cual leímos dos novelas, “Seda” y “El ojo de vidrio del abuelo”, ella con problemas de oído, necesitaba un máximo de mi capacidad para entender y seguir la historia, así pues me aventuré a jugar con otros recursos que no solo fueron mi voz, Blanca con 61 años es la paciente de quien les hablo y escribo aquí con su edad presentaba un problema de sordera muy avanzada debido a la sobreexposición de ruidos en la empresa donde laboró por 45 años y donde empezó su vida laboral siguiendo el signo de las mujeres de su casa, cuya vida estuvo marcada por un abandono prematuro de sus padres.

Para Blanca el leer no fue algo que le acompañara durante su vida, aunque le gustaban las novelas y especialmente las radionovelas, se emocionaba con Kaliman y vivenciaba las aventuras narradas por los actores de radio quienes con sus voces animaban a travesar espacios y donde una mujer por momentos registraba la voz de un chico llamado Solín, esta historieta de origen mexicano fue una de las más escuchadas y fue creada por Rafael Cutberto Navarro y Modesto Vázquez González en 1963 y llega a Colombia en 1965 por el Circuito Radial Todelar. Todo esto para blanca es desconocido, datos que no perturban la emoción y la mirada de sus ojos al contarme como en medio de sus avatares, de vivir en un cuarto con sus 4 hermanas, y no poseer sino unas cuantas cosas, le permitían motivar la emoción como ella misma lo define, muy sabiamente, hoy como todos los de mi generación y la que sigue la de mi hijo no tenemos más que el recuerdo de lo que fueran las delicias de aquellos días, en lo personal hay un dejo de nostalgia. Pero retomemos, para Blanca la lectura no estaba en una hoja y fue su signo, hoy a los 61 y pese a sus problemas de sordera, leer le cansa, aunque sus ojos estén en un buen estado, a ella lo que le gusta es escuchar, y reír cómplice de la voz, así pues me arriesgue a leerle, a narrarle con pericia, las aventuras y amores de Seda y las tristuras y melancolías del ojo de vidrio del abuelo, novelas cortas las dos, de menos de 220 páginas. Para motivarle el ánimo y la imaginación opte por llevar imágenes y además poner música de fondo en las pausas de lectura y mientras conversábamos a través de mis audífonos y de mi celular, por decir así le pusimos banda sonora a la lectura, y eso fue bello, para ella, su atención no mermo nunca y su sonrisa y por momentos afán se incrementaba al pasar las horas de lectura, yo por mi parte era un ávida lectora de sus gestos, porque me motiva verle abstraída en cada palabra…

Fueron 15 días su estadía en el hospital, su abrazo al despedirse fue cálido, como suelen serlo las brisas de alguien que siente y cree, y hoy hace algunas horas la vi pasar por una ventana de transmilenio que iba hacia el norte, me vio en el paradero, y golpeo la ventana con rapidez, fueron segundos donde sonreímos, donde recordamos la bonito de hilar historias y de sentir que los libros van más allá, que somos lectores con todos los sentidos.



                                                                                                                                       El autobús de Frida Kahlo

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